Homenaje a Émile Zola “Yo Acuso”
Carta a aquellos que nos dominan y nos
gobiernan
Señores: permítanme que, agradezca la
bondadosa manera que tienen de tratarnos y considerarnos, y por tanto me
preocupe por su gloria y les diga que
estrella, tan feliz hasta hoy, está amenazada por la más vergonzosa e
imborrable de las manchas.
Han salido sanos y salvos de sus acciones,
han conquistado nuestros corazones. Aparecen radiantes defendiendo
supuestamente nuestros derechos en una especie de gran apoteosis patriótica y
se preparan a presidir el solemne triunfo del sistema liberal que ha coronado un gran siglo de trabajo, de verdad
y de supuesta libertad. ¡Pero qué mancha de cieno sobrevuela sobre vuestro
reino de poder, que abominable proceso están llevando a cabo. Una bofetada
suprema a toda verdad, a toda justicia, a todo derecho, a toda libertad, a toda
nuestra dignidad. Y parece que ya no hay
remedio, la mancha crece y la historia
consignará que semejante crimen social se cometió al amparo de su poder.
Puesto que se ha obrado tan sin razón,
hablaré. Prometo decir toda la verdad y la diré si antes no lo hacen otras
personas con toda claridad.
Es mi deber, no quiero ser cómplice. Todas
las noches me desvelaría el espectro de la injusticia que nos controla, nos
explota y nos utiliza como si fueramos simples seres humanos al servicio de los
poderes fácticos. Es un crimen que debe espiarse por los siglos de los siglos,
no podemos seguir siendo cruelmente torturados.
Por eso me dirijo a ustedes gritando la
verdad con toda la fuerza de mi rebelión de hombre honrado. Estoy convencido de
que ignoráis lo que ocurre, bueno muchos de ustedes son conscientes de todo
ello. ¿Y a quién denunciar las infamias de esa turba malhechora de verdaderos
culpables sino al mundo? Ante todo, la
verdad acerca del proceso y de la condenación.
Hombre nefastos han conducido la trama; banqueros,
industriales, mafiosos, perversos, asesinos, seres autoritarios, políticos,
falsos dirigentes, manipuladores, falsarios, impresentables, explotadores,
ausentes, estúpidos, especuladores, falsos profetas... Ellos representan por sí
solos el protagonismo de la degeneración humana. No, no, se les conocerá bien
hasta que una investigación leal determine claramente sus actos y sus
responsabilidades. Aparece como un espíritu borroso, complicado, lleno de
intrigas novelescas, complaciéndose con recursos de folletín, papeles robados,
cartas anónimas, citas misteriosas en lugares desiertos, mujeres enmascaradas,
robos, corrupción, oportunismo, degeneración, ambición, explotación, pobreza,
represión.
Las notas sospechosas, las noticias, nos
lo atestiguan, constantemente nos sorprenden con crímenes en nuestro angustioso despertar, con abusos, con
corrupciones. Y no hay para que diga yo todo: busquen y encontrarán cuanto haga
falta. Yo declaro que todos son culpables del espantoso error que se ha
cometido.
Todo es sospechoso, desde hace algún
tiempo, entre las manos de todos estos comemierdas, que manipulan, provocando
la desaparición de papeles (como siguen
desapareciendo aún), y los autores son sospechosos del error manifiesto que
prueba el espíritu superficial se dirige nuestras vidas, puesto que un detenido
examen demuestra que no son capaces de conducirnos hacia un estado del
bienestar.
Solo basta con registrar, examinemos
detenidamente y, rápidamente fluyen documentos que atestiguan y refutan las
múltiples corruptelas. Todos están pringados hasta las narices. Desde la más
alta clase a los más ínfimos. En nuestro país es un asunto de familia, forma
parte de nuestra tradición, solo hay que tener oportunidades, los traidores
fluyen por todas partes.
Aparece un largo listado de altos cargos, ministros,
directores, ejecutivos, tuercebotas, oportunistas, tragaldabas, meapilas,
pseudointeligentes, artistas del engaño, todos se acomodaron de una manera
elástica a la realidad que vivimos.
Pero en el fondo de todo esto, no hay más
que el engaño que todos manejaban y hasta los hipnotizaba, el poder, el dinero,
todo ello fácil.
Parecen inverosímiles las pruebas que se han descubierto, todo ello estaba
cantado, somos culpables pues lo sabíamos, pero íbamos muy cómodos en la burra.
Hemos engañado vilmente a nuestra juventud, a la que hemos dejado con un palmo
de narices, con una mano delante y otra detrás sometidos a un incierto y desdichado futuro ¡qué denuncia tan cruel!
¡Ah! Por lo que respecta a esa primera
parte, es una pesadilla insufrible, para quien está al corriente de sus
detalles verdaderos.
Entre tanto la clase trabajadora se siente
humillada, indignada, desdichada, y comienza a proclamar con alaridos su
inocencia y que ya está bien de tanta presión. Es una auténtica crónica de
nuestra historia, una que se repite constantemente. La traición y el abuso de
unos con respecto a otros españoles. Es un auténtico crimen, la corrupción
genera más por arriba y por abajo. Me gustaría saber cómo es posible que se
puedan hacer las cosas tan mal y todos lo supiéramos sin lanzar un grito al
viento. Es tremenda la torpeza y sigue siendo una constante, todos ceden a las
malas pasiones.
Un traidor ha abierto las fronteras al
enemigo especulador, ¿acaso es la Europa comunitaria? Se murmuran
acontecimientos terribles, más paro, estancamiento económico, traiciones
monstruosas, y naturalmente una Nación inclinada, esperando el castigo más
severo, la degradación internacional y pública, la culpabilidad, el fagocitamiento
europeo y de los especuladores. Nuestros remordimientos por no haber hecho los
deberes son totales y absolutos.
¿Luego es verdad que existen cosas
indecibles, dañinas, capaces de revolver toda Europa y que ha sido preciso para
evitar grandes desdichas enterrar en el mayor secreto? Todo esto no tiene otro
objeto que ocultar la más inverosímil novela folletinesca. Para asegurarse,
basta estudiar atentamente el panorama actual.
¡Cuánta vaciedad! Parece mentira que con
semejante situación, y sin condenar a los culpables, se masacre a las gentes
honradas, su alma se llene de indignación y sin que se asome a sus labios un
grito de rebeldía, imaginando la expiación desmesurada que sufren como víctimas
de ésta funesta situación.
Los jueces iban ya, naturalmente a intervenir,
desde entonces, con obstinación desesperada, para justificar la condena, se
afirma la existencia de documentos. Pero
un documento que interese a la defensa nacional, que no puede hacerse público
sin que se declare la guerra inmediatamente. Es una mentira, tanto más odiosa y
cínica, cuanto que se lanza impunemente sin que nadie pueda combatirla.
He aquí, los hechos que demuestran cómo
pudo cometerse un error tan grande. Y las pruebas morales, su fortuna, su
continuo clamor de inocencia, la falta de motivos justificados, acaban de
ofrecerlo como una víctima de las extraordinarias maquinaciones. Han pasado
tres años y muchas conciencias permanecen turbadas profundamente, se inquietan,
buscan, y acaban por convencerse de que la crisis es imparable.
El momento psicológico de angustia suprema es muy duro, todos
estamos implicados, pero es preciso notar que yo y muchos otros no nos sentimos
culpables, hemos cumplido con nuestras responsabilidades, no estábamos
comprometidos en el error y se podría esclarecer la verdad sin desmentirse.
Pero no se atreven, temiendo acaso el juicio de la opinión pública y la
responsabilidad en que han incurrido los políticos, los especuladores y tantos
otros. El combate librado entre su conciencia de hombres y todo lo que suponía
su buen nombre. Pero ha acabado por comprometerles, y desde entonces, echando
sobre sí los crímenes para con su pueblo, se hacen tan culpables como ellos; es más culpable aún,
porque fue árbitro de la justicia y no fue justo. ¡Comprended esto! Hace más de
un año que los políticos conociendo la situación se han guardado para sí esta
espantosa verdad. ¡Y duermen tranquilos, y tienen mujer e hijos que los aman!
Sin embargo todavía quedan hombres honrados
que han cumplido sus deberes. En nombre de la justicia, y sin embargo suplicándoles,
la terrible tormenta que se les venía encima, les ha estallado encima. ¡No! El
crimen estaba cometido y la desgracia se ha cernido sobre nuestro país. Su desdicha
era haber querido prosperar, pero lo hemos hecho al parecer de una manera
equívoca. Conocer el secreto de la prosperidad era algo que a los españoles no
nos correspondía, la historia de miseria nos precede.
En España la verdad se abre camino, y sabemos
el modo en que ha estallado la tormenta. Testimonios autorizados lo demuestran a
diario, estamos como locos, dispuestos al suicidio, a la fuga. Luego, todo puede
cambiar, y nos puede sorprender con la
violencia de una audaz actitud que nos
saque de éste maremagnum.
El resultado de esta situación prodigiosa
es que hombres y mujeres intachables,
los únicos que entre todos han cumplido con su deber, serán las víctimas
escarnecidas y castigadas. ¡Oh justicia! ¡Qué triste desconsuelo embarga el
corazón! ¡Dios mío!, ¿por qué motivo? ¿Con qué objeto? Verdaderamente asistimos a un espectáculo
infame; para proclamar la inocencia de los hombres cubiertos de vicios, deudas
y crímenes, acusan a hombres de vida ejemplar. Cuando un pueblo desciende a
esas infamias, está próximo a corromperse y aniquilarse.
A esto se reduce la España de ahora, el
resumen, a grandes rasgos, de la historia cuyas ardientes páginas un día serán
escritas con toda extensión. Hemos visto a los infames, a los bribones transfigurados y las pérdidas de las gentes honradas.
La disciplina y la ética son soluciones,
la obediencia y la fidelidad, lo son, la ecuanimidad, la responsabilidad, la
justicia, la inviolabilidad de los derechos y libertades que empiezan a
desaparecer, la sociedad del bienestar que tanto ha costado conseguir. Se nos
habla de honor y de sacrificio ¿pero cuándo lo harán ellos? ¿Cuándo nos
respetarán y respetarán a España? Está en juego la dignidad de España y de los
españoles, empecemos a solucionar los problemas, juntemos nuestras fuerzas, es
muy importante el consenso. Por la defensa y salvaguarda de la Nación
Contra el albergue de intrigas, chismes y
dilapidaciones en que se ha convertido el sagrado suelo donde se decide la
suerte de la patria. Contra el sacrificio humano de la clase trabajadora, infeliz,
humillada e indignada. Contra las maquinaciones
locas, las prácticas de baja policía, las costumbres inquisitoriales; contra el placer de algunos tiranos que pisotean la
nación, ahogando en su garganta el grito de la verdad y de la justicia bajo el
pretexto, falso y sacrílego, de razón de estado.
Y es un crimen más apoyarse y sacrificar a
las persona trabajadoras. Es un crimen haber desestabilizado la seguridad de
España y los canallas que dentro y fuera
de nuestras fronteras urden impunemente su caída. Es un crimen extraviar la
opinión con tareas mortíferas que la pervierten y la conducen al delirio. Es un
crimen envenenar a los pequeños y a los humildes, exasperando las pasiones de
reacción y de intolerancia, y cubriéndose con el autocompadecimiento, de cuyo
mal morirá sin duda la Españs libre, si no sabe curarse a tiempo. Es un crimen
explotar el patriotismo para trabajos de odio; y es un crimen, en fin, hacer de
la economía un dios moderno, mientras toda la ciencia humana emplea sus
trabajos en una obra de verdad y de justicia.
¡Esa verdad, esa justicia que nosotros
buscamos apasionadamente, las vemos ahora humillada y desconocida! Imagino el
desencanto que padecerá sin duda el alma de muchos españoles, atormentados por los
remordimientos de no haber procedido adecuadamente en el momento oportuno.
Quizá la revolución nos permita desembarazarnos de la carga que nos oprime, hay
que derribarlo todo de una vez. La verdad brilla por sí sola, lo honrado y
leal, sería cambiarlo todo.
Afirmo que esto es un crimen más, un
crimen que subleva la conciencia universal. Decididamente, los tribunales deberían
de tomar las medidas oportunas, pero desgraciadamente tienen una idea muy
extraña de la justicia.
Tal es la verdad, señor Presidente, señores
políticos, señores especuladores, financieros y demás gentes; verdad tan
espantosa, que no dudo quede como una mancha en vuestra conciencia y gobierno.
Supongo que no tengáis ningún poder en este asunto, que seáis prisioneros de la Constitución y de la gente
que os rodea; pero tenéis un deber de hombres, en el cual meditaréis
cumpliéndolo, sin duda honradamente. No creáis que desespero del triunfo; lo
repito con una certeza que no permite la menor vacilación; la verdad avanza y
nadie podrá contenerla.
Hasta hoy no principia el proceso, pues
hasta hoy no han quedado deslindadas las posiciones de cada uno tiene; a un
lado los culpables, que no quieren la luz; al otro los justicieros que daremos
la vida porque la luz se haga. Cuanto más duramente se oprime la verdad, más
fuerza toma, y la explosión será terrible. Veremos cómo se prepara el más
ruidoso de los desastres.
Señores, concluyamos, que ya es tiempo.
Yo acuso al los inconscientes que con su
obra nefasta durante más de tres años, con maquinaciones descabelladas y
culpables, han logrado generar una de las mayores iniquidades del siglo. Crimen
de lesa humanidad y de lesa justicia con
un fin político y económico. Acuso a los especuladores, a los oportunistas, a
los políticos, a los dominadores de la justicia, a los foráneos que nos quieren
mal, a los manipuladores, a los estafadores por arriba y por abajo, a los
dueños y señores.., Por haber hecho una
información infame, una información parcialmente monstruosa, en la cual han labrado
el imperecedero monumento de su torpe audacia.
Acuso a la prensa manipuladora, por su campaña
abominable para cubrir su falta, extraviando a la opinión pública.
No ignoro que, al formular estas
acusaciones, arrojo sobre mí posibles críticas e infamias, pero creo que es lo
justo
En cuanto a las personas a quienes acuso,
debo decir que ni las conozco ni las he visto nunca, ni siento particularmente
por ellas rencor ni odio. Las considero como entidades, como espíritus de
maleficencia social. Y el acto que realizo aquí, no es más que un medio
revolucionario de activar la explosión de la verdad y de la justicia.
Sólo un sentimiento me mueve, sólo deseo
que la luz se haga, y lo imploro en nombre de la humanidad y de los españoles,
que han sufrido y sufren tanto y que tiene derecho a ser felices. Mi ardiente
protesta no es más que un grito de mi alma. Que se atrevan a llevarme a los
Tribunales y que me juzguen públicamente.
Así lo espero.
José Antonio AGUIAR PALACIOS
Madrid, 25 de julio de 2012 |
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