jueves, 26 de julio de 2012


Homenaje a Émile Zola “Yo Acuso”

Carta a aquellos que nos dominan y nos gobiernan

Señores: permítanme que, agradezca la bondadosa manera que tienen de tratarnos y considerarnos, y por tanto me preocupe por su  gloria y les diga que estrella, tan feliz hasta hoy, está amenazada por la más vergonzosa e imborrable de las manchas.

Han salido sanos y salvos de sus acciones, han conquistado nuestros corazones. Aparecen radiantes defendiendo supuestamente nuestros derechos en una especie de gran apoteosis patriótica y se preparan a presidir el solemne triunfo del sistema liberal que ha  coronado un gran siglo de trabajo, de verdad y de supuesta libertad. ¡Pero qué mancha de cieno sobrevuela sobre vuestro reino de poder, que abominable proceso están llevando a cabo. Una bofetada suprema a toda verdad, a toda justicia, a todo derecho, a toda libertad, a toda nuestra dignidad. Y parece que ya  no hay remedio, la  mancha crece y la historia consignará que semejante crimen social se cometió al amparo de su poder.

Puesto que se ha obrado tan sin razón, hablaré. Prometo decir toda la verdad y la diré si antes no lo hacen otras personas con toda claridad.

Es mi deber, no quiero ser cómplice. Todas las noches me desvelaría el espectro de la injusticia que nos controla, nos explota y nos utiliza como si fueramos simples seres humanos al servicio de los poderes fácticos. Es un crimen que debe espiarse por los siglos de los siglos, no podemos seguir siendo cruelmente torturados.

Por eso me dirijo a ustedes gritando la verdad con toda la fuerza de mi rebelión de hombre honrado. Estoy convencido de que ignoráis lo que ocurre, bueno muchos de ustedes son conscientes de todo ello. ¿Y a quién denunciar las infamias de esa turba malhechora de verdaderos culpables sino al mundo?  Ante todo, la verdad acerca del proceso y de la condenación.

Hombre nefastos han conducido la trama; banqueros, industriales, mafiosos, perversos, asesinos, seres autoritarios, políticos, falsos dirigentes, manipuladores, falsarios, impresentables, explotadores, ausentes, estúpidos, especuladores, falsos profetas... Ellos representan por sí solos el protagonismo de la degeneración humana. No, no, se les conocerá bien hasta que una investigación leal determine claramente sus actos y sus responsabilidades. Aparece como un espíritu borroso, complicado, lleno de intrigas novelescas, complaciéndose con recursos de folletín, papeles robados, cartas anónimas, citas misteriosas en lugares desiertos, mujeres enmascaradas, robos, corrupción, oportunismo, degeneración, ambición, explotación, pobreza, represión.

Las notas sospechosas, las noticias, nos lo atestiguan, constantemente nos sorprenden con crímenes en nuestro  angustioso despertar, con abusos, con corrupciones. Y no hay para que diga yo todo: busquen y encontrarán cuanto haga falta. Yo declaro que todos son culpables del espantoso error que se ha cometido.

Todo es sospechoso, desde hace algún tiempo, entre las manos de todos estos comemierdas, que manipulan, provocando la desaparición de  papeles (como siguen desapareciendo aún), y los autores son sospechosos del error manifiesto que prueba el espíritu superficial se dirige nuestras vidas, puesto que un detenido examen demuestra que no son capaces de conducirnos hacia un estado del bienestar.

Solo basta con registrar, examinemos detenidamente y, rápidamente fluyen documentos que atestiguan y refutan las múltiples corruptelas. Todos están pringados hasta las narices. Desde la más alta clase a los más ínfimos. En nuestro país es un asunto de familia, forma parte de nuestra tradición, solo hay que tener oportunidades, los traidores fluyen por todas partes.

Aparece un largo listado de altos cargos, ministros, directores, ejecutivos, tuercebotas, oportunistas, tragaldabas, meapilas, pseudointeligentes, artistas del engaño, todos se acomodaron de una manera elástica a la realidad que vivimos.

Pero en el fondo de todo esto, no hay más que el engaño que todos manejaban y hasta los hipnotizaba, el poder, el dinero, todo ello fácil.

Parecen inverosímiles las pruebas  que se han descubierto, todo ello estaba cantado, somos culpables pues lo sabíamos, pero íbamos muy cómodos en la burra. Hemos engañado vilmente a nuestra juventud, a la que hemos dejado con un palmo de narices, con una mano delante y otra detrás sometidos a un incierto y  desdichado futuro ¡qué denuncia tan cruel!

¡Ah! Por lo que respecta a esa primera parte, es una pesadilla insufrible, para quien está al corriente de sus detalles verdaderos.

Entre tanto la clase trabajadora se siente humillada, indignada, desdichada, y comienza a proclamar con alaridos su inocencia y que ya está bien de tanta presión. Es una auténtica crónica de nuestra historia, una que se repite constantemente. La traición y el abuso de unos con respecto a otros españoles. Es un auténtico crimen, la corrupción genera más por arriba y por abajo. Me gustaría saber cómo es posible que se puedan hacer las cosas tan mal y todos lo supiéramos sin lanzar un grito al viento. Es tremenda la torpeza y sigue siendo una constante, todos ceden a las malas pasiones.

Un traidor ha abierto las fronteras al enemigo especulador, ¿acaso es la Europa comunitaria? Se murmuran acontecimientos terribles, más paro, estancamiento económico, traiciones monstruosas, y naturalmente una Nación inclinada, esperando el castigo más severo, la degradación internacional y pública, la culpabilidad, el fagocitamiento europeo y de los especuladores. Nuestros remordimientos por no haber hecho los deberes son totales y absolutos.

¿Luego es verdad que existen cosas indecibles, dañinas, capaces de revolver toda Europa y que ha sido preciso para evitar grandes desdichas enterrar en el mayor secreto? Todo esto no tiene otro objeto que ocultar la más inverosímil novela folletinesca. Para asegurarse, basta estudiar atentamente el panorama actual.

¡Cuánta vaciedad! Parece mentira que con semejante situación, y sin condenar a los culpables, se masacre a las gentes honradas, su alma se llene de indignación y sin que se asome a sus labios un grito de rebeldía, imaginando la expiación desmesurada que sufren como víctimas de ésta funesta situación.

Los jueces iban ya, naturalmente a intervenir, desde entonces, con obstinación desesperada, para justificar la condena, se afirma la existencia de  documentos. Pero un documento que interese a la defensa nacional, que no puede hacerse público sin que se declare la guerra inmediatamente. Es una mentira, tanto más odiosa y cínica, cuanto que se lanza impunemente sin que nadie pueda combatirla.

He aquí, los hechos que demuestran cómo pudo cometerse un error tan grande. Y las pruebas morales, su fortuna, su continuo clamor de inocencia, la falta de motivos justificados, acaban de ofrecerlo como una víctima de las extraordinarias maquinaciones. Han pasado tres años y muchas conciencias permanecen turbadas profundamente, se inquietan, buscan, y acaban por convencerse de que la crisis es imparable.

El momento  psicológico de angustia suprema es muy duro, todos estamos implicados, pero es preciso notar que yo y muchos otros no nos sentimos culpables, hemos cumplido con nuestras responsabilidades, no estábamos comprometidos en el error y se podría esclarecer la verdad sin desmentirse. Pero no se atreven, temiendo acaso el juicio de la opinión pública y la responsabilidad en que han incurrido los políticos, los especuladores y tantos otros. El combate librado entre su conciencia de hombres y todo lo que suponía su buen nombre. Pero ha acabado por comprometerles, y desde entonces, echando sobre sí los crímenes para con su pueblo, se hacen  tan culpables como ellos; es más culpable aún, porque fue árbitro de la justicia y no fue justo. ¡Comprended esto! Hace más de un año que los políticos conociendo la situación se han guardado para sí esta espantosa verdad. ¡Y duermen tranquilos, y tienen mujer e hijos que los aman!

Sin embargo todavía quedan hombres honrados que han cumplido sus deberes. En nombre de la justicia, y sin embargo suplicándoles, la terrible tormenta que se les venía encima, les ha estallado encima. ¡No! El crimen estaba cometido y la desgracia se ha cernido sobre nuestro país. Su desdicha era haber querido prosperar, pero lo hemos hecho al parecer de una manera equívoca. Conocer el secreto de la prosperidad era algo que a los españoles no nos correspondía, la historia de miseria nos precede.  

En España la verdad se abre camino, y sabemos el modo en que ha estallado la tormenta. Testimonios autorizados lo demuestran a diario, estamos como locos, dispuestos al suicidio, a la fuga. Luego, todo puede cambiar, y nos puede  sorprender con la violencia de una  audaz actitud que nos saque de éste maremagnum.

El resultado de esta situación prodigiosa es que  hombres y mujeres intachables, los  únicos que  entre todos  han cumplido con su deber, serán las víctimas escarnecidas y castigadas. ¡Oh justicia! ¡Qué triste desconsuelo embarga el corazón! ¡Dios mío!, ¿por qué motivo? ¿Con qué objeto?  Verdaderamente asistimos a un espectáculo infame; para proclamar la inocencia de los hombres cubiertos de vicios, deudas y crímenes, acusan a hombres de vida ejemplar. Cuando un pueblo desciende a esas infamias, está próximo a corromperse y aniquilarse.

A esto se reduce la España de ahora, el resumen, a grandes rasgos, de la historia cuyas ardientes páginas un día serán escritas con toda extensión. Hemos visto a los infames, a  los bribones transfigurados y las pérdidas de  las gentes honradas.

La disciplina y la ética son soluciones, la obediencia y la fidelidad, lo son, la ecuanimidad, la responsabilidad, la justicia, la inviolabilidad de los derechos y libertades que empiezan a desaparecer, la sociedad del bienestar que tanto ha costado conseguir. Se nos habla de honor y de sacrificio ¿pero cuándo lo harán ellos? ¿Cuándo nos respetarán y respetarán a España? Está en juego la dignidad de España y de los españoles, empecemos a solucionar los problemas, juntemos nuestras fuerzas, es muy importante el consenso. Por la defensa y salvaguarda de la Nación

Contra el albergue de intrigas, chismes y dilapidaciones en que se ha convertido el sagrado suelo donde se decide la suerte de la patria. Contra el sacrificio humano de la clase trabajadora, infeliz, humillada e indignada. Contra  las maquinaciones locas, las prácticas de baja policía, las costumbres inquisitoriales; contra  el placer de algunos tiranos que pisotean la nación, ahogando en su garganta el grito de la verdad y de la justicia bajo el pretexto, falso y sacrílego, de razón de estado.

Y es un crimen más apoyarse y sacrificar a las persona trabajadoras. Es un crimen haber desestabilizado la seguridad de España y  los canallas que dentro y fuera de nuestras fronteras urden impunemente su caída. Es un crimen extraviar la opinión con tareas mortíferas que la pervierten y la conducen al delirio. Es un crimen envenenar a los pequeños y a los humildes, exasperando las pasiones de reacción y de intolerancia, y cubriéndose con el autocompadecimiento, de cuyo mal morirá sin duda la Españs libre, si no sabe curarse a tiempo. Es un crimen explotar el patriotismo para trabajos de odio; y es un crimen, en fin, hacer de la economía un dios moderno, mientras toda la ciencia humana emplea sus trabajos en una obra de verdad y de justicia.

¡Esa verdad, esa justicia que nosotros buscamos apasionadamente, las vemos ahora humillada y desconocida! Imagino el desencanto que padecerá sin duda el alma de  muchos españoles, atormentados por los remordimientos de no haber procedido adecuadamente en el momento oportuno. Quizá la revolución nos permita desembarazarnos de la carga que nos oprime, hay que derribarlo todo de una vez. La verdad brilla por sí sola, lo honrado y leal, sería cambiarlo todo.

Afirmo que esto es un crimen más, un crimen que subleva la conciencia universal. Decididamente, los tribunales deberían de tomar las medidas oportunas, pero desgraciadamente tienen una idea muy extraña de la justicia.

Tal es la verdad, señor Presidente, señores políticos, señores especuladores, financieros y demás gentes; verdad tan espantosa, que no dudo quede como una mancha en vuestra conciencia y gobierno. Supongo que no tengáis ningún poder en este asunto, que seáis  prisioneros de la Constitución y de la gente que os rodea; pero tenéis un deber de hombres, en el cual meditaréis cumpliéndolo, sin duda honradamente. No creáis que desespero del triunfo; lo repito con una certeza que no permite la menor vacilación; la verdad avanza y nadie podrá contenerla.

Hasta hoy no principia el proceso, pues hasta hoy no han quedado deslindadas las posiciones de cada uno tiene; a un lado los culpables, que no quieren la luz; al otro los justicieros que daremos la vida porque la luz se haga. Cuanto más duramente se oprime la verdad, más fuerza toma, y la explosión será terrible. Veremos cómo se prepara el más ruidoso de los desastres.

Señores, concluyamos, que ya es tiempo.

Yo acuso al los inconscientes que con su obra nefasta durante más de tres años, con maquinaciones descabelladas y culpables, han logrado generar una de las mayores iniquidades del siglo. Crimen de  lesa humanidad y de lesa justicia con un fin político y económico. Acuso a los especuladores, a los oportunistas, a los políticos, a los dominadores de la justicia, a los foráneos que nos quieren mal, a los manipuladores, a los estafadores por arriba y por abajo, a los dueños y señores..,  Por haber hecho una información infame, una información parcialmente monstruosa, en la cual han labrado el imperecedero monumento de su torpe audacia.

Acuso a la prensa manipuladora, por su campaña abominable para cubrir su falta, extraviando a la opinión pública.

No ignoro que, al formular estas acusaciones, arrojo sobre mí posibles críticas e infamias, pero creo que es lo justo

En cuanto a las personas a quienes acuso, debo decir que ni las conozco ni las he visto nunca, ni siento particularmente por ellas rencor ni odio. Las considero como entidades, como espíritus de maleficencia social. Y el acto que realizo aquí, no es más que un medio revolucionario de activar la explosión de la verdad y de la justicia.

Sólo un sentimiento me mueve, sólo deseo que la luz se haga, y lo imploro en nombre de la humanidad y de los españoles, que han sufrido y sufren tanto y que tiene derecho a ser felices. Mi ardiente protesta no es más que un grito de mi alma. Que se atrevan a llevarme a los Tribunales y que me juzguen públicamente.

Así lo espero.

José Antonio AGUIAR PALACIOS
Madrid, 25 de julio de 2012


No hay comentarios:

Publicar un comentario